18 de mayo de 2009

Ideas al aire

Esta semana tomaremos un curso de inducción para saber cómo usar un sistema editorial que promete mejorar el procedimiento para armar la revista. Hoy fue el primer día. El lugar me transportó a las últimas clases de Photoshop que tomé con Diana y Caro en la universidad. Hoy confirmo lo que ya sabía: me encanta tomar clases. Me gustaría hacer una maestría, no sólo por obtener el título, sino por el proceso, por el aprendizaje. No sé cuándo, tampoco estoy muy segura en qué (tengo dos o tres opciones), aún así, antes de regresar a estudiar, me gustaría cumplir otros planes. Pienso que en mi tiempo de experiencia laboral, he aprendido muchísimo más que en miles de las clases que he tomado.

Por el momento, lo único cierto es que tengo una montaña de ropa que doblar y un libro de cuentos que me acompañará a Oaxaca, porque justo ahora acabo de decidir que me voy el viernes a visitar a una de mis mejores amigas. Gayne se fue de la ciudad de México en busca de una nueva etapa. Pese a que me hace mucha falta, no podría sentirme más orgullosa de ella.

-Foto: vista nocturna de la carretera. De cuando fui a Oaxaca.

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14 de mayo de 2009

Si me amaras

Lo que pensé en un sueño:

Si me amaras, me dirías que me amas como la del Libro de cabecera a Jerome, como Tom Tom a Milla, como el ángel a la chica del circo, como el violinista del serrucho a la hija del carnicero.

-Foto: Delicatessen

12 de mayo de 2009

Evasión

Es fácil dejarlo todo, como Lester Burham en Belleza americana. Lo admito con vergüenza, yo lo hice cuando reprobé geometría y repetí más de la mitad del total de las láminas de dibujo del semestre. La frustración me dominó y, de un día para otro, sin despedirme, comencé a faltar a las clases. A la semana me 'di de baja', como si los problemas se solucionaran así, o con un escándalo para no ir a la escuela. Me sentí liberada. Aún así, el abandono de diseño fue un acto de cobardía, al igual que el de las clases de ballet. No cerré el ciclo, se completó solo y con el tiempo -creo-. Hay días en que, a la menor provocación, quiero desertar, pero sé que jamás lo haré, porque ya no soy la misma, ahora deseo afrontar, recibir consecuencias. Y, con orgullo, he concluido proyectos personales muy importantes para mí.

Lista de los desertores que conozco: el papá de Adrián, en el bautizo de su hija, salió a comprar cigarros y jamás regresó./El de sistemas (ya olvidé su nombre) no se presentó a trabajar un lunes de marzo, y cambió su número de celular./Mari vació su cuarto en cajas de cartón durante la noche. 'Su primo' se la llevó a pasear un domingo y, para el martes o miércoles, descubrimos que, en la habitación, ya no había rastro de ella./J.A., el ex novio de mi tía, desapareció de su vida, a dos meses de la boda.

-Foto: Viaje a Darjeeling, de Wes Anderson. Amo esta película.

10 de mayo de 2009

Artista de la mentira

Aprendimos a mentir. Nadie nos enseñó a hacerlo, lo descubrimos en el pensamiento como el engranaje de un reloj -la inteligencia humana aplicada a un objetivo-. No recordamos el momento en que dijimos la primera mentira u ocultamos una verdad, creemos que fue el ensayo y error que confirmó el llanto, fingido o natural, en método infalible para capturar atención.

Tú y yo somos Verloso, perfeccionamos la fórmula para mentir sin titubear. Nos autoengañamos. Edificamos historias sobre un tejido de falacias. Encontramos placer en descomponer la verdad y reconstruirla a nuestra manera. Enfatizamos y ocultamos, recortamos y pegamos. No conformes, modulamos la voz, reproducimos conversaciones sacadas de diálogos mentales, elaboramos guiones ficticios, borramos imágenes o las remarcamos con plumón. Las fantasías rompen el muro de contención y se insertan en la elaboración de los hechos.

Tiremos horas de vida en buscar la verdad absoluta, recolectemos las piezas de verdad que habitan en el inconsciente de unos cuantos, en el bote de basura en tiras, en las neuronas de un difunto o en el verbo del encabezado amarillista.

Actividades similiares: desenredar una cadena, seguir un camino de hormigas y cortar la circulación del dedo con el chicle en círculos.

-Libro que inspiró este post: Verloso. Artista de la mentira, de Felipe Soto.

3 de mayo de 2009

Examen de conciencia

Abro mi cuenta de blog desde blogger.com para no tener que entrar a mi página, porque cada vez que lo hago, me detengo a leer mis posts publicados (seguro soy la lectora más ávida de mi propio espacio, de mi egoteca) e, inevitablemente, me dan ganas de borrarlos, porque algunos revelan -entre líneas- mis intimidades. Aún así, prefiero seguir usando a mi blog como diario "personal", bitácora de vuelo, instrumento de evasión o de noséquécosa.

PD. Leo Verloso, artista de la mentira, de Felipe Soto, por pura curiosidad.

-Foto: yo

2 de mayo de 2009

Cybervida

La tarde es hermosa, mi bici está arrumbada, y yo, blanqueada de luz artificial. Cerraré la compu y saldré a tocar el pasto, a recibir aire, a mover las piernas entumidas.

-Foto: de cuando fui por un café a la calle de Álvaro Obregón

-Immolate Yourself, TTA

Médico charlatán

Soñé que estaba en un consultorio desconocido. Intuyo que el edificio era muy alto, ya que desde las ventanas sólo se veían el negro de la noche y una lluvia muy fuerte. Los pasillos tenían poca iluminación y había puertas blancas, cerradas. Me recordó a los corredores del asilo en el que vivía mi abuela Licha. Las puertas estaban casi pegadas, como si fueran de motel. En mi sueño, las paredes eran de pequeños mosaicos verdes y las ventanas de la oficina del doctor dejaban ver el interior en forma de luces y sombras en movimiento. El piso era de mármol gris. Era la arquitectura de un edificio de los años setenta. Frío, desolado y amplio. Por el lugar, pensaría que se trataba de una pesadilla. La sala de espera no era la de un consultorio, era una combinación entre los asientos de una estación de camión y los de la barra de la Roxy. Recuerdo la angustia que sentía, mi turno se acercaba y yo no sabía porqué estaba allí. No sabía si el médico era ortopedista, dermatólogo o nutriólogo. Tal vez se trataba de un dentista, sospecha que reafirmó mi sueño en pesadilla. Muerta de pánico, mi mente abrió las puertas, dejó salir al paciente y colocó al doctor en la entrada para llamarme. Terminó el sueño en el momento en que decidí huir de allí. Recuerdo haber bajado las escaleras como si alguien me persiguiera. ¿Por qué no me fui antes? ¿Por qué soporté la malicia de las enfermeras y los pasillos tenebrosos?, ¿Por qué no pensé en que la solución era tan fácil? Desperté feliz de estar en mi casa un sábado soleado. Trato de recordar el lugar, siento que ya he estado allí, me es familiar.

-La foto tiene el mood del lugar de mi sueño, pero sin tanta luz.

PD. ¡Escucho Telefon Tel Aviv!

1 de mayo de 2009

Daniel

Regreso del velorio del mejor amigo de mi hermano. Me siento muy triste. Me duele la pérdida, me duele el dolor de mi hermano. Compartimos ideas para las palabras que dará mañana en la misa. Preferí no escuchar más del tema y encerrarme en mi cuarto para dejar que fluyan los sentimientos hasta que me gane el sueño. Qué gran placer haberlo conocido.

-No hay fotografía que exprese lo que siento, sólo imágenes mentales.