2 de noviembre de 2010

Disfraz


Habrá que dejarnos mirar, transparentes, ante quienes se atreven y desean vernos.

Últimamente encuentro en la estética una herramienta para reinventarme. Supongo que desde siempre, pero conscientemente ahora he encontrado liberadores ciertos procesos cotidianos, como cortarme el pelo. Me parece que el cambio está en el significado que otorgo. Todo indica que es un esfuerzo por unificarme, o la preparación para un cambio mayor.

El cuerpo es vasto y hay que explorarlo en varios niveles. Desarrollar un discurso propio en torno a él.

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29 de octubre de 2010

En sus zapatos

Se defiende con las uñas del gato. Me jala de las patas de cangrejo a las tuberías oscuras del anonimato y las plagas de la escoria laboral autómata, uniforme; prescindible aunque detestable. Su puesto grabado en tarjeta de presentación con traje sastre incluido. Toma el cursor y aplasta, uno a uno, a quienes se atreven a tocar la superficie del pozo. Mientras tanto, que los hijos de los hijos de los hijos se críen con la mujer de los casos de la vida real.

28 de octubre de 2010

Despedida capilar

Sentí el impulso de cortarme el pelo. Lo sabía desde que salí de la oficina con las tijeras en la mano. Las llaves y las tijeras. Una escala para tomar dos cubas con Tatiana y regresar a casa al espejo del baño y dejar caer los pelos enredados y semi húmedos al abismo. Unos tocaban el lavabo y otros llegaban hasta el suelo. Con cada mechón que soltaba, se iba un peso de los hombros. Al fin descubrí la cara cubierta de descuido. Terminado el ritual, me gusté mucho y, a pesar de la hora, tuve un poco de energía para cubrir de rojo uña por uña. No hay ocasión especial programada, sólo la luz artificial de la oficina y una junta de trabajo donde esperarán a quien jamás regresará, de lo contrario habría que buscarla en la coladera por la que se escurrió junto con sus pelos largos y opacos.

17 de mayo de 2010

Reunión

Esta mañana recibí un correo que me hizo sentir muy bien y que involucra lo que he estado haciendo con este espacio. Me siento como Amélie Poulain cuando encontró el tesoro de Dominique Bredoteau y lo entregó en una cabina telefónica.

Debido a un post que escribí hace un año sobre un atleta búlgaro, quien actualmente trabaja en el Comité Olímpico Mexicano, seré responsable de reunir a dos viejos amigos que perdieron contacto durante años:

Estimada Srita. Espinosa:

Llamo me XXXXX XXXXX y le escribo este email, porque quisiera pedirle un favor. En su blog del 24 de abril de 2009 Ud. escribe sobre un bulgaro: Sr. Mincho Stanchev Todorov. Es un graduado de la academia naval en Bulgaria, como mi padre. Mi ruego es si Ud. puede darme su dirección en México, o su número de teléfono, o la dirección de su correo electrónico, porque quisiera sorprender mi padre. El y Sr. Todorov son viejos amigos, que no se han visto por muchos años. Estoy segúro, que mi padre, así como Sr. Todorov, va alegrarse de la possibilidad de ponerse en contacto con su amigo tras mucho tiempo.

Un cordial saludo,

XXXX XXXXX


El post que publiqué el 24 de abril.

La respuesta que recibí esta mañana (19 de mayo):

Estimada y no olvidada Georgina, ayer me entregaron Su E-mail que me hizo sentir muy agradablemente sorprendido y curioso, debido a lo cual me reporto con Usted cumpliendo Su amable peticion, como a continuacion le contestare. Mi E-mail es xxxxxx@gmail.com y numero de celular xxxxxxx, o del trabajo xxxxxxx. Espero pronto enterarme de la razon de Su deseo. Le envio mis saludos y respetos. Lic.Mincho Todorov

3 de abril de 2010

¿Recibiste mi invitación?


Hay algas de colores, aves, conchas miniatura, peces voladores, lagartijas chiquitas, mariposas de papel, florecitas blancas y gatos cazadores. Ya te he enviado fotografías de acá, de mi Jardín Ideal, para que vengas a conocerlo y a nadar de extremo a no extremo.

Las estaciones cambian de manera espontánea y el clima es impredecible -con tendencia calurosa-. Trae poco equipaje.

Todavía hay trenes.

PD Estoy segura que no me equivoqué de dirección postal.

Saludos cordiales.

Puerta

Hoy abrí A salto de mata (Paul Auster, 1997) para encontrar una respuesta inmediata a una pregunta de la que no hay solución en los libros y, a decir verdad, tampoco en el exterior. Lo cierto es que todo indica que esta novela es una puerta en sí misma.

Esto fue lo que encontré al azar:

"Pero no hay nada que diga que debes abrir la puerta.
¿Y si la abro de todos modos?
Entonces, sólo habrás abierto la puerta.
Para entrar en una habitación vacía. O si no, para descubrir que ahí es donde vive uno.
O si no, es simplemente una puerta, que se abre en el camino. La abres, cruzas el umbral y descubres que no hay habitación. Sólo más camino, que se extiende ante ti. De manera que sigues andando, poniendo un pie delante de otro, continuando tu camino.
Hasta que encuentres otra puerta.
O un muro sin puerta.
O un hoyo en el suelo.
O un hueco en el cielo."

Aún así quiero abrir la pequeña puerta, como Alicia, aunque sospecho que ya estoy dentro y no sé cuánto tiempo llevo aquí. Tal vez la cuestión no es abrir y entrar, sino abrir y salir.

-Foto: Nikos Economopoulos, 1988

19 de marzo de 2010

Escritura automática

Incapaz de crear puentes conexos con el exterior, el delirio suspicaz lo golpeó y cortó en dos. Evade la simultaneidad del momento -te digo-. Tarde o temprano habrá que crear jardines ilusorios en los que no quepa la sombra de la memoria. Luego forjarse a sí mismo con la creatividad más sublime. Recrear y reconstruir paisajes transitados. Evita desbordar la emotividad incontrolable -debes hacerlo-. Mejor consolidar y contener, sin importar el entorno, o bien, dejarse llevar por el contexto y tomar el barco hacia el cauce de lo común, de lo ordinario.

8 de febrero de 2010

Cuento

Hace un mes empecé a tomar un taller de cuento en el que un escritor ha compartido cómo fueron sus primeras experiencias en editoriales y las dificultades que enfrentó para publicar sus textos. El don nadie (se dice a sí mismo) que llegó sudoroso de Monterrey y posicionó su nombre como una marca que compite en el mercado de los apellidos para publicar en cualquier editorial, presentar libros, escribir discursos por encargo y pasearse como celebridad en las Ferias Internacionales del Libro; también está habilitado para ofrecer cursos, dentro de los cuales revela algunos consejos ‘prácticos’ para escribir cuentos, cada vez que abandona los datos autobiográficos para retomar la ‘teoría’ literaria:

-Tener un inicio fuerte.
-Crear tensión constante.
-No empezar a escribir si no conocemos el final. Saber el final ofrece un impulso constante con el cual el lector detectará que hay rumbo. (No necesariamente)
-Es preferible narrar acciones.
-Para un final sorpresivo, es importante crear indicios a lo largo de la historia.
-Tener la capacidad de manipular emociones ajenas.
-La prosa debe tener un ritmo: combinar frases largas, cortas y medianas.
-Evitar rimas.
-Lenguaje fluido, rapidez de lectura.
-No ser autobiográficos en la creación de historias y personajes. El narrador no es el escritor.
-Es posible escribir de lo que no conoces.
-El cuento tiene que tener una lógica interna.
-Imaginar al personaje, de ser posible encontrarle parecido con algún conocido.
-Crear a un personaje con sueños, objetivos, miedos, memoria, carácter, aspiraciones, sentimientos, pensamientos, obsesiones, psicología.
-El cuento puede surgir de una imagen fija, de un sueño, noticia del periódico, anécdota propia o ajena, de la observación, de un concepto o idea, de un tema.
-No sólo escribir sobre lo visual, crear una atmósfera que incluya a los cinco sentidos.
-Evitar descripciones comunes: “labios rojos”.

Es más complejo que la receta de cocina que aprendimos desde primaria (principio, desarrollo, clímax, bajada, desenlace, final, etc.). Lo cierto es que hoy día tenemos muchas referencias visuales que provienen del cine. He querido escribir una historia, pero ha sido imposible no tomar sus recursos. El tallerista también ha recurrido a películas para explicar conceptos literarios... "Poca gente lee", dice el escritor. ¿Será que el cine es la materialización de la imaginación? Esta mañana tuve la intención de escribir, pero se me cruzó un especial sobre las películas australianas de terror de los años setenta (inspiración para Tarantino) que me dejaron, como diría la descripción común, ‘sin palabras': cubetas con sangre naranja, vampiros, motociclistas, modelos desnudas, degollados, desiertos polvosos (otra vez descripción común), artes marciales, ratones, Patrick en coma brincando de la cama hacia la ventana.

Para mí, escribir es buscar, como el perro de la imagen olfateando rastros-restos.

30 de enero de 2010

Al viajero


Ella tiene los ojos hinchados y el corazón de un hilo. Malcosido, agujerado. Le tiraste la ceniza de tu cigarro, lo apagaste en sus cavidades. No te bastó con explorar sus piernas hasta descubrir que no era sublime ni hermosa como cuando la querías en tus sueños para despertar y poseerla con esmero, obtenerla y perderla para desear a otra. Dejar el terreno árido de tanto caminar sobre él para conquistar el misterio de un nuevo espacio selvático en el que podrás volver a adentrarte en su vegetación hasta dejarlo desértico. Cansarte de la misma mujer melodramática y estúpida para emprender la búsqueda de nuevas tierras caprichosas. Tanto la desnudaste que la arrojaste a lo común. Descubriste que ella no se subirá en minifalda a la moto, no se depilará las piernas para ti, tampoco te hará la cena. Será ella y eso no te parecerá suficiente para convertirla en la musa que tú quieres, que tú mereces. La musa que no existe en alguna mujer -real-. No basta decírtelo, caminarás de mujer en mujer, una tras otra, cansado de normalidad, de reproches, de aburrimiento. De mujeres débiles. Las que lloran cada vez que pueden. Te vas con las que juegan contigo al misterio, al hoy no puedo mejor nos vemos mañana. Al gracias por la invitación, la pasé muy bien. Es cuestión de tiempo, se cae el telón, la miras, la ves con sus vacíos y sus grietas, la ves con la misma falta de amor que tú tienes. Te reflejas en su vulnerabilidad, te asustas de tu propia imagen y te vas a buscar la fantasía de la diosa encantada. La que al menos es un poco más fuerte como para no mostrarse transparente y ocultar su debilidad y su normalidad humanas detrás de sus capas de maquillaje.

Tú no quieres a una mujer. Te quieres a ti mismo. Hoy tampoco tienes tiempo de amar. Las quieres a todas y no quieres a ninguna. Todas somos iguales. Todas te diremos jet'aime al oido. Es cuestión de que escojas a la tuya como cuando seleccionas las verduras del mercado. Que le guste el sexo, que sea bonita, que no salga con pendejadas. Mándala hacer, a ser, pídela de Navidad. Un día de estos te llega por correo con un libro en la mano. Bien entrenada: a los cinco recibió el vestido de princesa, a los seis la cocina y a los siete la bebé. Hazle creer que tú eres el príncipe que la despertará con un beso. Conquístala con un 'hola' en el chat y la tendrás en tu puerta. Quítale la falda y bórrale con saliva la neurosis que heredó de su madre. Hazle notar sus errores. Ella no es cualquiera. Ya después compren casa y perro. Saluden a sus vecinos con seguido de una noche en la que durmieron de espaldas. Acostumbrados, fusionados, altamente familiarizados pero con la seguridad y la estabilidad de encontrase el uno al otro en el mismo lugar cada mañana. Asegura los cuidados de tu vejez desde ahora, sólo tendrás que amarla, aún cuando dejes de hacerlo. Te sentirás viejo y feo, renunciarás a buscar a la musa que no existe, la cambiarás por el caldo de pollo que te lleva a la cama y entonces así y sólo así, harás el recuento. Te sentirás miserable, te sentirás poca cosa sin ella.
-Fotos: Chien-Chi Chang