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19 de diciembre de 2011

Fuera de Satán


Fuera de Satán, de Bruno Dumont (2011)

No dejaré de escribir...

Aquí se puede leer en CinePremiere


El cine de Bruno Dumont es contemplativo y filosófico. No esperen encontrar una película cuya estructura y trama se ordenen con cierta coherencia para “contarte una historia”. Este filme se construye con sensaciones, a través de imágenes crudas, que exigen al espectador un esfuerzo reflexivo.

Dumont retrata lo cotidiano con recursos que le permiten apegarse a lo orgánico. El sonido proviene del ambiente rural de Francia, no hay música; los diálogos son casi nulos; la iluminación es natural; y los protagonistas distan de tener un físico con atractivo artificial, pues al cineasta le gusta trabajar con personas que no tienen formación actoral y cuyo aspecto es más silvestre. Por ello, su cine toca el Realismo y, al mismo tiempo, el Avant-garde.
En Fuera de Satán, se muestra a un vagabundo que se dedica a caminar por un poblado del norte de Francia. Su misión es erradicar el mal que ronda en las praderas. Su papel es el de un salvador, observador y velador de los habitantes. Los personajes viven inmersos en su localidad, un tanto aislados e introspectivos. En su mayoría, los paisajes se presentan despoblados, con los recursos habituales del director: planos muy abiertos y largos, pero también close-ups del cuerpo humano o de acciones cotidianas que apelan a los sentidos, como el movimiento del café dentro de una taza o los dedos que recogen las migajas de pan sobre la mesa. Las imágenes construyen una poesía visual y un viaje interior.
La naturaleza es protagónica, al igual que el hombre, que aparece casi siempre al centro de la pantalla, rodeado de paisajes que parecen los de las pinturas del Romanticismo. Elementos como el fuego, el viento, el mar y las plantas toman un papel importante en la película, porque reflejan el interior de los personajes, como si la naturaleza permitiera exponerlo con sus características más primitivas. Así, Dumont desnuda al ser humano, lo presenta violento, pasional, instintivo, sexual, emotivo y cruel. Algunas escenas pueden resultar aberrantes e incómodas por la cantidad de realismo en la manera de mostrar lo más salvaje de su ser, como los actos sexuales explícitos y los golpes secos que toman por sorpresa al espectador. Sin embargo, el director utiliza la violencia y la sexualidad para abordar temas complejos y, también, como una vía espiritual y de trascendencia. Son evidentes las referencias religiosas, los tintes cristianos. Es por ello que abunda lo místico, las “pruebas de fe” y los milagros. En este sentido, la película rinde homenaje a Ordet (Carl Theodor Dreyer, 1955).
Encontrarán que, repentinamente, Dumont introduce acciones “insólitas” o absurdas dentro de lo cotidiano, lo cual produce un efecto extraño en el espectador, como el que toda la sala se ría en los momentos más dramáticos.
En conclusión, el filme podrá mover tus emociones o simplemente arrullarte en la butaca, todo depende de la disposición que tengas para apreciar este tipo de cine, en el cual, a pesar de que las imágenes son hermosas en sí mismas, hay una sensación de lentitud en la que parece que “no pasa nada”. En esta película, más que pensar, hay que sentir. Hay que percibir que detrás de una simple caminata por las montañas, existe una fuerza mayor que rige todo el sentido del filme.

29 de noviembre de 2009

35 rhums (Claire Denis, 2008)

Inicia con nosotros, los espectadores, avanzando por las vías del tren, desde el punto de vista del conductor. Para mí el movimiento representa el cambio, trasladarte de un punto a otro, sin embargo, para el protagonista sólo es un desplazamiento rutinario en el que conoce la ruta de memoria. Hubo una imagen que se me quedó muy grabada, es un paisaje nocturno muy bello del tren en curso y a lo lejos algunas luces de colores de la ciudad.

Lionel, el conductor, manifiesta un deseo constante de que su situación y sus circunstancias no cambien. No creo que por comodidad, sino por miedo a tener que afrontar lo inevitable, lo que ya se acerca: la jubilación, la vejez y, sobretodo, lo que sucederá después de que su hija, Joséphine, asuma su libertad para decidir su futuro y comenzar una nueva vida como una mujer independiente. Al respecto, si entendemos que la vida no es estática por naturaleza, es posible que podamos tomar estas transiciones y todo lo que conllevan (angustia, miedo, dolor, incertidumbre, pero también alegría, satisfacción, aprendizaje) de manera diferente.

Lionel vive con Joséphine, quien parece ser su razón de vida. Conforme avanza la película, él se muestra mucho más interesado en hacerle saber que debe ser libre y en no permitir que Joséphine desarrolle la necesidad de cuidarlo (porque está solo y cada vez se hará más viejo). También aparecen otros dos personajes importantes, quienes viven en el mismo edificio. Uno de ellos es Gabrielle, una mujer de quien sólo sabemos que es taxista (trabajo similar al del conductor de trenes) y que tiene un vínculo emocional con Lionel por tantos años de conocerse y, sobretodo, por algún tipo de amor no correspondido, porque tiene conductas obsesivas (también autodestructivas como fumar en exceso). Se queda despierta a esperarlo, está pendiente de la hora a la que llega, ofrece comida, insiste en fomentar la relación y en ‘empujar’ la convivencia, a pesar de que él le demuestra su desinterés con claridad y a veces con desagrado. Sin embargo, ella no deja de aparecer en su vida, porque al igual que él, se aferra a lo imposible, a una idea que no le permita cambiar su forma de vida, la cual está totalmente estructurada en función de Lionel.

El otro personaje importante es Noé, un hombre solo que no decide 'dar el paso' y salir de ese lugar que representa el pasado, por el énfasis en el gato viejo y en los muebles antiguos que pertenecían a los papás muertos. Él permanece ahí sólo por Joséphine, porque es muy obvio que está enamorado, aunque no tenemos muy claro si ella siente lo mismo por él, pues sólo la vemos desbordarse por el papá, cuidarlo, estar con él, hacerle la comida. Admito que percibí una relación patológica papá-hija.

Uno de los cuatro personajes debe brincar al vacío de lo inesperado y lo nuevo, para que inevitablemente esa acción produzca el cambio de vida en los otros tres, ya que los cuatro están vinculados. Noé es quien toma la decisión de irse del lugar, con o sin Jo. Estalla la revolución, como una olla express que acumulaba presión, porque Joséphine sabe que es momento de tomar iniciativa, ya que no puede dejar ir a Noé, a pesar de la responsabilidad que siente por su papá.

Me encanta una escena que define el vínculo y la dinámica de los personajes, en la que ni siquiera recuerdo si hay diálogo o no, pues podemos prescindir de éste por la fuerza del lenguaje corporal y de las miradas. La escena consiste en reunirlos en un bar, en el que Jo baila con su papá, pero Noé literalmente le quita a la hija porque es su turno de bailar con ella (y sí, también de vivir con ella). También me encanta cómo la mira y la toca. Me encanta la paciencia que le tiene para que ella sola sea quien decida que quiere estar con él. Al poco tiempo Gabrielle observa cómo Lionel baila con otra mujer. Ella lo mira desconcertada, como si sus esfuerzos por llamar su atención y acercarse a él fueran en vano.

De esta película me gusta que no hay necesidad de enseñar lo que sucede, porque los objetos, actitudes y miradas lo dejan claro: con un vestido blanco sabemos que habrá boda, momento en el que también imaginamos lo que Jo le dijo a Noé para que no se fuera sin ella. Pero el elemento más claro es el del final: la vaporera que compra Lionel, porque es un objeto que representa una aceptación al cambio, pues la primera olla de vapor que compró es la que su hija Jo se llevará a su nueva vida con Noé. También me gustó mucho que la historia está narrada de manera sutil y muestra que los objetos y los lugares también comunican y se vuelven parte de las personas. Me encanta que seamos nosotros quienes tengamos que intuir o imaginar qué sucederá después de la boda, qué tanto quiere Noé a Jo y lo que significan para Lionel los 35 tragos de ron.

28 de noviembre de 2009

Última clase de cine / El ladrón de caballos

El ladrón de caballos (Tian Zhuangzhuang,1986) me gustó mucho por varias razones: las imágenes son poéticas, son muy hermosas, bueno, la naturaleza por sí sola ya es muy bella, pero la manera de mostrarla en esta película produce sensaciones, placer visual. Siempre he creído que la luz lo es todo. La luz crea atmósferas muy particulares, al igual que los colores.

Esta es la historia de un hombre que roba para mantener a su familia, razón por la que los miembros del clan deben cortarle las manos, pero después acceden a no hacerlo con la condición de que se vaya de la tribu y no regrese. Se va con su mujer e hijo a vivir un aislamiento total en medio de la naturaleza. Es también el retrato de una familia hermosa, los tres bañándose en el río o sólo caminando. El trato entre el niño y su papá es muy humano, muy tierno. Pero las condiciones de vida se vuelven tan difíciles sin el apoyo de una comunidad y en medio de las adversidades de la naturaleza que muere el hijo. Por alguna razón esta muerte no me pareció tan trágica, aunque sí lo es, pero después de ver las costumbres y los rituales propios de las personas que viven en la intemperie, en donde mueren animales, llegan las estaciones y una serie de sucesos propios de la naturaleza, que sentí que su muerte se acopla muy bien a los ciclos naturales. Tiempo después Buda les concede otro hijo, no como un reemplazo pero para el papá sí representa una nueva oportunidad para salvarlo de la muerte, porque no pudo hacerlo con su primogénito. Lo cierto es que la naturaleza no sólo es bella, también es dura y peligrosa y a veces impredecible.

Me gusta el concepto de familia porque muestra que por ese vínculo vale la pena robar por necesidad, vivir en aislamiento y dar la vida. También pienso que cada vez perdemos más contacto con la naturaleza. Hace mucho tiempo que no voy a un bosque o no me meto a nadar a un río. A mí me produce mucha tristeza estar tan desvinculada y distante del mar y de las montañas y de las selvas. En lo personal cuando estoy ahí, afuera, en el mundo, me siento libre.

Confieso que desde que salí de la universidad y empecé a trabajar tiempo completo, he experimentado una depresión casi imperceptible, porque llevo años de mi vida mirando y conociendo al mundo a través de una computadora, sentada por más de ocho horas y bajo una luz neón y aire acondicionado. Si quiero salir a tomar el sol no puedo hacerlo por más de 10 minutos y si mi cuerpo me pide descansar un poco más o tomar más tiempo para comer o cualquier otra actividad, tampoco puedo hacerlo. Somos humanos y no podemos negar nuestra naturaleza. Por ello a veces me siento asfixiada, limitada y encerrada, como si no pudiera salir al mundo. La sociedad se ha configurado en favor del capitalismo. ¿Cuándo nos bañamos en ríos?, ¿cuándo corremos por praderas?, ¿cuándo montamos caballos?

Por qué nos forzamos a ir en contra de nuestra naturaleza y a crear maneras artificiales de vivir. A veces siento que no he encontrado un lugar que me produzca eso, libertad. Me he imaginado dando clases en una escuela rural, me he imaginado viviendo aislada, pero también me he imaginado viviendo en una ciudad cosmopolita. Lo paradójico es que tal vez no podría resistir las condiciones porque crecí obligada a permanecer sentada durante mínimo siete horas al día (la escuela), porque cuando me expongo mucho tiempo al sol mi piel se pone roja y me salen pecas y porque cuando voy a la selva tengo que usar repelente porque me atacan los insectos. Crecí bajo la luz de los focos, esa es mi realidad, pero en mí recae toda la responsabilidad de buscar mi libertad y mi acercamiento a la naturaleza. Al menos he encontrado islas en medio de la ciudad, como los viveros de Coyoacán llenos de árboles (aunque no hayan crecido de manera silvestre), el Desierto de los leones y algunos otros lugares que me hacen sentir bien cuando lo único que quiero es tirar la computadora a la basura.

El curso fue muy valioso porque me condujo a cuestionar mi entorno y mi vida, porque despertó una búsqueda y una curiosidad por explorar todo aquello que no conozco todavía. Me dejó con ganas de ver mucho más cine y, sobretodo, porque me hice consciente de la fuerza que puede ejercer sobre mí. Descubrí que el cine tiene la capacidad de crear sensaciones que ni siquiera sabía que existían. Creo que también tiene un poder inconsciente sobre mí. Sin duda es una ventana hacia una experiencia que conduce a caminos inexplorados y también emocionantes. Estoy enamorada del cine, aunque sospecho que ya lo estaba pero no sabía cómo definir eso que sentía.

23 de noviembre de 2009

'A serious man' (Joel y Ethan Coen)

Este fin de semana vi A serious man, la nueva película de los hermanos Coen. Es la versión moderna de la historia bíblica de Job. Muestra sucesos absurdos de la vida de Larry Gopnik, el protagonista y judío ortodoxo. A mí me pareció que toda la película es un sueño, o mejor dicho, una pesadilla en la que los personajes no tienen lucidez alguna y, si al principio parece que Larry es el único hombre ‘cuerdo’ que se da cuenta de lo que verdaderamente sucede, lo cierto es que conforme avanza la trama, nos damos cuenta de que tampoco tiene el criterio ni la claridad suficientes como para resolver sus problemas de manera adecuada o ‘normal’. Sus conflictos se enredan tanto que pierden todo el carácter de realidad. Siento que la historia se vuelve tan absurda que cae en lo cómico. Además, sus problemas son muy comunes: infidelidad, divorcio, la incomprensión de los hijos adolescentes, un hermano que representa una carga, la falta de dinero, etc., lo que no me parece 'normal' o común es la manera de abordarlos, de entenderlos y de no resolverlos de la manera más lógica. Me remitió al mundo surrealista de Alicia en el país de las maravillas (amo el libro y las películas), en el que cada quien se rige bajo sus propias reglas y creencias. Por lo menos a mí me hizo alucinar y hasta cierto punto incomodar con la incapacidad de que nadie resuelve algo.
Un hermano que se drena un quiste del cuello, una esposa que no ve la magnitud de lo que sus infidelidades le provocan a su marido, rabinos que no son capaces de ofrecerle una ayuda verdadera a Larry y un sin fin de situaciones que sólo confirman que viven dentro de un ambiente parecido al que hemos experimentado dentro de una pesadilla que nunca termina. Yo pienso que la lectura de esta película no es narrativa, no tiene un clímax ni tampoco un desenlace, no sucede nada más allá de la acumulación de problemas.
Me pregunto cuál es el sentido de mostrar a un personaje que reprime sus emociones hasta el límite. Jamás grita, jamás se altera, conserva la ‘tranquilidad’ y ni siquiera es capaz de colgar el teléfono sin antes despedirse o decir algo como: “tengo que irme, te regresaré la llamada”. Supongo que es un hombre que tiene valores morales ¿o religiosos? tan arraigados, con los cuales cree que actuar de la mejor manera es conservar la calma ante cualquier problema, pero siento que sólo reprime las emociones más humanas y no encuentra la manera de darle salida a su ira contenida. Tal vez es cuestión de personalidad. Simplemente no reclama ni exterioriza sus emociones, así que se adapta. Se adapta a dormir en el catre y a salirse de su propia casa para que su mujer duerma con alguien más, es decir, parece que no toma acciones para cambiar su situación, más que esperar a que un rabino iluminado le de la respuesta sobre cómo resolver su vida. Debo admitir que hubo momentos en los que me aburrió la película, momentos en los que me reí de las tragedias de Larry y momentos en los que pensé que tendría la satisfacción de verlo, por fin, con una vida resuelta, o por lo menos un poco más relajado y con la vecina que fuma mota. ¿Por qué sentimos que en el protagonista recae todo? Como si él fuera salvador y víctima al mismo tiempo. Creo que también es un modo de mostrar que todos nos hemos sentido así, como el centro del mundo, como si sólo a nosotros nos llovieran problemas (grandes y chicos), capaces de aplastarnos hasta hacernos sentir como Larry. Me acordé de una pesadilla que tuve en la que, por más que lo intentaba, no podía correr rápido ni gritar y es justo como siento al protagonista, con ganas de gritar, pero con un muro que no se lo permite, al grado en que empezamos a sentir un poco de lástima por él. También sabemos que no puede ver con claridad lo que debe hacer, mientras que nosotros, como espectadores ajenos y distantes a su situación, sí podemos (es común, o al menos yo tengo que distanciarme de mis conflictos para analizarlos y pensarlos con claridad).
La película tiene elementos del teatro del absurdo y la estética de las calles me recordó a Edward Scissorhands, de Burton, en donde también todos los vecinos están completamente despegados del suelo y en un mundo ficticio disfrazado de real. Lo que por ahora he tratado de pensar es si detrás de esta serie de eventos hay alguna ‘moraleja’ que debamos aplicar a nuestras vidas. ¿Cómo podríamos distinguir entre lo que no está en nuestras manos, de lo que sí? Es decir, hay situaciones que sólo debemos aceptar (y adaptarnos), y situaciones en las que sí debemos intervenir para cambiar su rumbo, su conclusión. ¿Qué nos están tratando de decir los Coen? En pocas palabras, si nos remitimos a la historia de Job, los problemas de Larry no son más que pruebas que 'el Señor' le manda, y él tiene que resisitir, sin obtener alguna explicación sobre éstas.
Lo cierto es que no pude meterme de lleno como hubiera querido porque a mi lado derecho se sentó un señor grande, quien me preguntó qué decían los personajes porque creo que no alcanzaba a leer bien los subtítulos y de mi lado izquierdo una mujer con quien platiqué antes de que empezara y, desafortunadamente, me quiso hacer conversación durante toda la película. A veces soy poco tolerante con las personas e intento cambiar eso de mí y comprender que cada quien tiene necesidades diferentes. En realidad me sentí bien de que tal vez el señor entendió la película en parte gracias a mí, o entendió lo que yo entendí jaja. También ya vi Los abrazos rotos, de Almodóvar, pero por alguna razón no tengo ganas de postearla aquí.

20 de noviembre de 2009

Penúltima clase de cine / Crónica de un verano

Hoy vimos Crónica de un verano, codirigida por Jean Rouch y Edgar Morin (a quien tuve oportunidad de escuchar en una conferencia que dio hace como dos años en el CENART, cuando yo hacía prácticas profesionales en el ‘canal 23’, -prometo buscar mis apuntes y postear algo de eso-).

Crónica de un verano es un documental representativo del cinema vérité, el cual cuestiona qué tan posible es retratar o mostrar la realidad tal cual es, sin que este reflejo se distorsione con la predisposición de quienes están frente a la cámara, por el simple hecho de saber que lo están aunado a la intervención del director. Para mí, haber visto la película con la idea de que los personajes eran ellos mismos y lo que decían y hacían correspondía con lo que eran, pensaban y sentían, me produjo una sensación muy diferente, creo que me sensibilizó mucho más que algunas películas de ficción que me hacen llorar. Tal vez porque me gusta involucrarme demasiado con lo que veo, e identificarme con algún personaje al creer que sé exactamente lo que podría estar sintiendo. Pese a que tal vez el documental no muestre de manera fiel la realidad, sí explora sensaciones humanas y cuestiona a los personajes sobre el sentido de su existencia. Eso para mí ya es interesante, ya es valioso porque siempre me ha interesado conocer diferentes maneras de pensar y de ver la vida, sobretodo lo que los demás tienen que decir sobre sí mismos y su existencia, porque a mí me interesa la gente como una manera de enriquecer mi presencia en esta vida y no sólo transitar de un lado a otro sin realmente descubrir quienes nos rodean. Siento que convivimos de manera impersonal sin siquiera imaginar quienes son los demás en realidad. Cada persona es un resultado de experiencias diversas, es un universo muy profundo y a veces desconocido hasta para sí mismos, por eso creo que es interesante escuchar lo que los demás piensan. Además este documental me pareció muy valioso porque me provocó una reflexión sobre mi experiencia de vida y, como ya lo había dicho antes, me vibran mucho las películas que me provocan ganas de escribir, ganas de llorar, ganas de pensar, o ganas de salir al mundo para tratar de verle ‘algo’ más allá de lo evidente. Yo también me cuestioné para qué hablar sobre mí, sobre lo que siento y lo que me interesa, para qué revelar mi intimidad aquí en un blog, frente a una cámara o en alguna plática. La razón es que me gusta ser transparente como una manera de liberarme por completo, desde el interior. Para quien le interese mirarme y saber quién soy y cómo veo el mundo que me rodea. Para quien quiera mirarme como soy, sin distorsiones, por lo que hago y digo y escribo, es decir, para encontrar una congruencia entre lo que soy y lo que escribo. También creo que el desarrollo de este blog es una manera para compartir mi evolución hacia un verdadero descubrimiento de quién soy yo, porque al menos yo necesito saberlo.

La pregunta que le hacían a los parisinos de los años sesenta, de todas las clases sociales era si son felices y si están satisfechos con su vida. Algunos contestaban con referencias hacia sus experiencias laborales, sus experiencias amorosas o hacia lo opuesto, sus experiencias tristes como la pérdida de alguien o la ausencia de algo, un vacío interno, o simplemente hacían referencia a otras cuestiones como a la edad: “soy feliz pese a que soy vieja”, “claro que lo somos, pues estamos jóvenes”. Con esto me refiero a que la felicidad es lo que creemos que es. Cada quien define su felicidad. También había quienes sabían cómo podrían serlo: “si me casara y tuviera hijos”, “si fuera boxeador”, “si trabajara en lo que me gusta”, “si tuviera más dinero”. Me parece una insatisfacción generalizada por el hecho de creer que hay algo que falta, y ese algo es justo lo que necesitan para ser felices. Suena absurdo, pero no lo es, porque seguramente a todos nos ha pasado: creemos que la felicidad llegará bajo diferentes condiciones ajenas a las que ya vivimos. Respondiendo a la misma pregunta, yo estoy contenta con quien soy y con mi vida. Estoy satisfecha con lo que he hecho y con lo que ahora tengo, sin embargo, es cierto que tengo muchas aspiraciones y deseos de realizar miles de cosas, las cuales con el simple hecho de imaginarlas o planearlas, me producen felicidad. Pero yo he intentado no depositar mi felicidad en aquellas cosas pasajeras, superficiales o ilusorias, aunque reconozco que yo percibo a la felicidad en mi vida no como una constante, sino en momentos muy específicos, tal cual como momentos. También creo que más allá de cuestionarme si los personajes estaban siendo totalmente espontáneos, coherentes consigo mismos y reales, pienso que no es necesario estar frente a una cámara para no serlo. Es decir, tal vez nos relacionamos con actores todo el tiempo: mi jefe cumple su papel de jefe frente a mí, mi amiga actúa como quien quisiera ser y mi vecino se ríe, es sobreamable y cuenta demasiados chistes cuando tal vez esconde una tristeza profunda. Cómo saber que somos lo que somos, que somos un retrato fiel de nuestro interior y de nuestra naturaleza. Eso es justo lo que yo quiero hacer, romper esa barrera entre lo que aparento o quiero aparentar y lo que soy, y me he preguntado si somos aquello que hacemos, decimos, pensamos o escribimos.

15 de noviembre de 2009

El silencio de Lorna

Es la historia de Lorna, una mujer que cree que tiene la vida resuelta y la felicidad garantizada con la falsa seguridad que el dinero le produce. Ella lo gana de manera ilícita a cambio de casarse y divorciarse con extranjeros que sólo desean obtener su nacionalidad. Al principio, 'el negocio' en el que aparentemente todos se benefician se presenta como una manera ideal para obtener 'dinero fácil'. La protagonista se comporta fría y profesional, al grado en que podemos estar seguros de que ella ni siquiera lleva a cabo algún cuestionamiento ético o moral sobre su conducta. Conforme avanza la trama, nos damos cuenta de que la única finalidad de Lorna es obtener dinero para concretar los planes de vivir y abrir un bar con su novio Sokol, momento en el que podríamos pensar que ella tiene una motivación más emocional que sólo el dinero por el dinero. Lo que realmente sucede es que descubre que no es tan inhumana como los demás involucrados, incluyendo a su novio. Ella logra salirse de la dinámica ilícita porque se ve a sí misma desde otro ángulo en el que sabe y siente que matar inocentes por dinero, o culparlos de agresiones físicas autoinfligidas es lo más bajo que puede hacer un ser humano. Esto sucede a partir de que se le cae el plan de vida, porque la realidad racional y la realidad emocional no siempre actúan en armonía, en paralelo. El mundo de las emociones golpea tan fuerte (y a veces de manera inconsciente), que es capaz de darle un giro completo a nuestras vidas. Con esto me refiero a que se enamora (de acuerdo con mi percepción) del adicto con el que se casó sólo por dinero. La convivencia y el vínculo que se genera entre ellos va más allá de un trámite. Ella lo ayuda a salir de su adicción y lo cuida. El momento del beso sólo demuestra que había algo más que el aparente deseo sexual contenido. La muerte del adicto y su embarazo finalmente le abren los ojos para mirar con claridad a su novio Sokol y a quienes la usaban para el negocio ilícito: personas corrompidas por el dinero. Ella se da cuenta de que ya no quiere ser como ellos (o de que nunca lo fue) y de que tampoco puede amar a un hombre así (quien, además, la trata como una vía para conseguir dinero). Lorna elige huir de la ceguedad de vivir para y por algo tan vacío como lo monetario, así que opta por su vida y la de su hijo. Creo que el amor y la maternidad le abren los ojos a lo que realmente importa. La película hace una crítica social sobre la conducta destructiva e inhumana de quienes van en contra del espíritu y de la naturaleza para obtener bienes materiales y desechables.

Notas: Lorna no necesariamente se enamora del adicto y tal vez el cariño que le tiene sólo la 'rehumaniza'. Es posible que tampoco esté embarazada.

¿Qué es aquello que distingue a quienes creen que la felicidad se encuentra en lo material de quienes no lo creen?, ¿Qué es lo que nos hace humanos? El sistema social y cultural crea y alimenta la idea de que el dinero produce felicidad, sin embargo, yo creo que siempre habrá personas que jamás se dejarían corromper ante cualquier tentación. Aún así hay quienes no cometen actos ilícitos o inhumanos por dinero, pero sí establecen las bases y principios de sus vidas en función del dinero, pero no sé hasta qué punto son víctimas de creencias familiares heredadas. Pienso que todo lo que alimenta el espíritu, como el arte y el conocimiento, es lo que impulsa a vivir de una manera diferente: más conciente, humana, analítica, pacífica y mucho más rica.

28 de septiembre de 2009

Clase 3

La nueva ola (Nouvelle vague)

Así se nombró al grupo de cineastas franceses de finales de los años cincuenta, quienes transformaron la manera de hacer cine. Surgieron de la publicación Cahiers du Cinéma, en la que escribían críticas cinematográficas, lo que supone que tenían una formación intelectual y una habilidad para expresar ideas y conceptos. Las palabras remiten a imágenes, por ello en el momento en que dan el salto hacia la creación (dirección) de cine, se habla por vez primera de un cine escrito (cámera-stylo), de imágenes que se unen como si fueran palabras, de un cine realizado por cinéfilos que escriben, hablan y ven cine. Esta es la razón por la que sus películas abordan temas complejos que se desenvuelven a través de los diálogos, e incorporan referencias culturales y alusiones a obras artísticas de diversa índole (literarias, plásticas, teatrales, etc.). Simultáneamente, la transformación de materiales y herramientas de trabajo facilita la realización cinematográfica, ya que es posible recurrir a recursos más baratos como la iluminación y locaciones naturales. Esto también muestra que retratan la realidad de manera diferente al del Neorrealismo, ya que crean universos ficticios y utilizan actores. La proliferación de este estilo impulsa el surgimiento de lo que conocemos como ‘cine de autor’, en el que el cineasta proyecta sus ideas en su obra, y cuya propuesta resulta en un cine ‘muy personal’ que funge como una vía de expresión que conduce hacia el autoconocimiento del director. Aquí ligo el concepto de ‘crítica apreciativa’, que se refiere al acto de trabajar o desarrollar un análisis o crítica solamente sobre lo que le interesa al autor (ejemplo: reseñar sólo las películas que gustan, lo cual es justo lo que hago en mi blog, escribir sobre lo que me interesa; es un ejercicio de selección con base en la apreciación personal).

Para comprender las características de esta vanguardia, vimos una película de Jean-Luc Godard, miembro influyente de la Nouvelle vague, quien realizó un cine experimental que no sólo innovó en la manera de desarrollar un tema (generalmente relacionado con la condición humana), sino en la manipulación del montaje (cortes rápidos que provocan significados específicos). Su cine afirma esta nueva condición de ‘cine de autor’, ya que no desvincula su vida privada de su obra: las actrices protagónicas fueron sus esposas.

Vivir su vida
(1962) Es una película que muestra el último tramo de vida de Naná, una mujer inocente que se involucra en la prostitución, no por necesidad económica (como podría parecer), sino por una especie de curiosidad, juego o autoexploración que la impulsa a tomar un camino cuya única salida posible es la muerte. Ella es sublime, se mueve como si flotara. Es una mujer que en apariencia no se deja seducir por el placer carnal de una ‘labor’ que podría ejercerse por pura perversión o gusto por la excesiva práctica sexual, ya que manifiesta un deseo por ser actriz de cine y muestra su lado más sensible y humano al llorar con la película Juana de Arco, así como un aspecto muy crítico de su personalidad, el cual se presenta en varias conversaciones con las que intenta analizar y explorar las ideas más complejas que han sido tema de estudio a lo largo de la historia del conocimiento humano. Hay un diálogo que me encantó, en el que se cuestiona qué es la felicidad. También me encanta la conversación que sostiene con un hombre en un restaurante, a quien le pregunta cómo es posible expresar exactamente lo que pensamos. Cómo encontrar y combinar las palabras más adecuadas para que éstas transmitan o comuniquen lo que deseamos, justo como lo deseamos. Y esta idea de si nuestros pensamientos son palabras, ya que es imposible pensar sin palabras. Es un tema que me vibra mucho, porque mi trabajo consiste en escribir, razón por la que a diario hago un esfuerzo tremendo por dominar mi mente y obligarla a expresarse con ‘fidelidad’. La película tiene una sensación de cotidianidad que se refleja no sólo en el lenguaje visual, sino en la naturalidad con que la chica se desenvuelve dentro del mundo de la prostitución, como si la vida misma la hubiera orillado a ello (me lo imagino como una corriente marina). Podría decir que el retrato de esta mujer me movió las emociones ya que en determinados momentos de mi vida me he sentido como Naná: un poco sola y en una especie de búsqueda interna ‘de algo’ que responda a las mismas interrogantes (qué es la felicidad, qué es el amor, etc.), búsqueda que a veces me ha conducido a caminos dolorosos (por no decir equivocados) pero también como una manera para explorar todo tipo de terrenos (no piensen mal, no me refiero a la prostitución).

Me encanta el cine que me cuestiona, que revoluciona mis propias ideas y que me motiva a continuar en una búsqueda que surge de la aparición de nuevas interrogantes por lo general metafísicas y existenciales... En el fondo sólo voy en busca de imágenes poéticas.

27 de septiembre de 2009

La sangre brota


Ayer fui al cine... Y me quedé dormida (no por la película, sino porque estaba muy cansada). Sólo vi el principio y el final, pero escuchar lo demás me bastó para imaginar la trama entre sueños. Estoy segura que tengo una visión distorsionada de la historia, y eso me gusta, como si yo hubiera construido mi propia película: La sangre brota es un viaje hacia el dolor humano. Presenta a una familia desintegrada, una familia a la que no se le puede llamar familia sino individuos que coexisten en un mismo espacio, pero no en un mismo plano (o viceversa). El papá es un taxista neurótico, quien escucha discos de relajación. Su mirada es tan dura que podrías imaginarlo en un ataque nervioso en medio del tráfico o con un arma bajo el asiento. Él quiere enviarle dinero a su hijo Ramiro, quien vive en Estados Unidos, sin embargo, Leandro, su hijo más pequeño, es quien vive más lejos, habita el submundo de las drogas. Camina entre la gente sin mirar a su alrededor, es un fantasma que sólo sobrevive y se mueve por el impulso de las necesidades físicas. Es un muerto en vida, muy pálido, ojeroso. Se encuentra a una chica que reparte volantes en la calle, una chica que recorre la ciudad, que exhibe su cuerpo y que tal vez no tiene a nadie. Ella y Leandro hacen una extraña conexión como si con solo mirarse supieran que comparten algo que los une. Se conocen sin intercambiar palabras, sólo se topan. Su novia se siente muy celosa, porque sabe que hay algo en la chica de la calle que ella no tiene ni tendrá, algo que le despierta curiosidad a él. Después me quedé dormida y saqué a los demás personajes de la historia, imaginé muchos encuentros entre ella y Leandro, muchas citas urbanas en parques, banquetas, callejones. La película es tan dura que, dormida, yo quise agregarle las escenas que a mí me gustaría interpretar si mi vida fuera un film (a veces pienso que lo es). Desperté cuando el papá libera su enojo reprimido y golpea a Leandro con tal fuerza que parece que va a matarlo. Metafóricamente sí lo mata, como si su hijo fuera una extensión o proyección de su lado más oscuro, o la evidencia viviente de sus errores y de una familia enferma. Leandro busca refugio en una mujer, sólo en una, quien, para mi sorpresa, no es la chica de los volantes. Tal vez ella era demasiado efímera e ilusoria, tal vez ella no podía ser un refugio para nadie porque estaba igual de vacía –y sangrada– que él.


Volveré a ver la película y todo será diferente.

24 de septiembre de 2009

Meeting People is Easy



El domingo pasado vi este documental en el ciclo de 'Rock en el Cine'. Despegué de la silla, entré en un viaje que me hizo cuestionar mi propio rumbo de vida.

Grant Gee retrató la deshumanización, el cansancio y la soledad de una banda que en primer plano aparece endiosada y sublime. Radiohead transita por ciudades y calles vacías. Se traslada como mercancía frágil entre hotel y hotel. Thom Yorke es orillado a contestar infinitamente la misma pregunta. La prensa aparece como una plaga para llevarse el trofeo -yo conocí a Thom-. Meeting People is Easy es el retrato de Radiohead durante la gira de Ok Computer, es la figura pública y privada de la banda. Gee juega con esta idea del rechazo y la aceptación, la identidad pública que invade a la privada. Radiohead baja del escenario, sale a la calle e intenta llegar a una fiesta, pero el cadenero no les permite la entrada, no cree que Thom es Thom: "Radiohead, Creep, Dickhead". Es un video experimental que muestra escenarios urbanos en los que Radiohead se inserta con voces, expresiones faciales y conversaciones que parecen absurdas.

-Escucho Pearly (la amo a partir del minuto 2:10)

16 de septiembre de 2009

Lol@

Hoy vi la película Lol@ en el marco del Ciclo de Cine Francés. Llegué en blanco, sin trailer ni sinopsis. Me pareció una comedia francesa muy Hollywood (al inicio, en la presentación de los personajes, hay una referencia a los recursos clásicos del cine estadounidense). Lol@ muestra la vida escolar, personal, familiar y amorosa de un grupo de estudiantes. En realidad es el retrato de la adolescencia de cualquier ser humano. Rescata al presente aquellos momentos que tal vez ya olvidamos o minimizamos con el paso tiempo. La entrega de calificaciones, las primeras fiestas y decepciones amorosas, las peleas con los papás. El tema es áspero, es denso, tanto así como el ángulo doloroso de la adolescencia, pero se presentó de manera ligera y cómica. Las experiencias se viven con una carga emocional muy fuerte durante esta etapa. La búsqueda de identidad y la relación con los demás son temas centrales que llevan a los personajes a buscar situaciones que les ayuden a explorar los impulsos de la edad. No es mi estilo de película, pero al menos pensé que yo también atravesé conflictos similares, los cuales definieron lo que -por ahora- soy. Hay algo de Lol@ que me hizo recordar Juno. Habrá que ver alguna otra del mismo ciclo.

11 de septiembre de 2009

Clase 1

Hoy empezó el curso que voy a tomar los viernes. Se llama 'Movimientos artísticos forjados en celuloide'. Va a estar muy bueno porque las primeras dos horas las vamos a dedicar a la teoría y las otras dos a ver películas sobre el tema que toquemos cada sesión. Las clases las ofrece el CUEC pero se imparten en la sala Fósforo de San Ildefonso. El maestro se llama Carlos González García, ha hecho cosas chidas (psicanzuelo.blogspot.com).

Hoy vimos un poco sobre los siguientes autores: Buñuel, Richter, Léger y su Ballet mecánico, Man Ray, Duchamp, Florey, Sibley, Vértov, Eisenstein, Cocteau, Begotten y Deren.

Algunos temas de los que Carlos habló hoy: La llegada de lo abstracto; la descontextualización de los objetos, sacarlos de su uso cotidiano; cómo el cine comercial todavía se nutre de la vanguardia; la abstracción de lo cotidiano; cómo la yuxtaposición de planos manipula las emociones de la audiencia; el cine que cuestiona, que hace preguntas, un cine existencial.

Vimos El hombre con la cámara, de Dziga Vértov. Me gustó muchísimo. Es coreográfica, tiene un ritmo, es musical. Arulla y tiene un poder hipnotizante, al grado que en el momento en que se detiene el sonido y se congela la imagen sentí incomodidad, sentí interrupción, como un choque en seco. La cámara se presenta como un objeto omnipresente que muestra tomas desde lo alto y también desde lo más íntimo e interno como un parto, el interior de una cerveza y el momento en que una mujer se viste. Es alucinante, es un retrato de la vida cotidiana de los años 30 de una sociedad industrializada. Es perturbadora y también es muy ágil. Hay una imagen recurrente: un ojo en la lente de una cámara. Aborda esta idea del cine dentro del cine. Es decir, se muestra cómo un hombre filma las escenas que estamos viendo, así como el proceso de edición. La película también presenta el funcionamiento de las máquinas: trenes, maquiladoras, engranes, palancas. La geometría y el ritmo de las máquinas aparecen como una danza muy estética.

18 de agosto de 2009

Temporada de patos

Ayer la volví a ver porque la encontré en la tele, y comprobé que la lectura que hago de las situaciones y las películas depende de la edad y del momento emocional en que las recibo. Recuerdo que la primera vez que la vi, no me pareció buena, no le encontré sentido. Después de algunos años, con un poco de conocimiento sobre cine y sobre el director, y con unas cuantas experiencias que sin darme cuenta han ido cambiando mi manera de pensar y de sentir, ayer concluí que me gustó mucho Temporada de patos, me identifiqué con los personajes, me acordé de mi pubertad y empaticé totalmente con el personaje del pizzero. Me gustó que objetos tan cotidianos como el goteo del agua en el lavabo o el movimiento de una báscula me remitieran a sensaciones muy personales. Estos cuatro personajes, quienes viven experiencias de temor y frustración se unen en un momento o una situación que parecería normal, cotidiana: un domingo de ocio sin luz en la casa. Ahí, en un espacio común, una zona habitacional en Tlatelolco, comparten sus emociones a través de objetos. Los diálogos son breves y las escenas dan la impresión de que "no pasa nada", pero en realidad sí pasa, sí hay catársis en los personajes. Al final de la película, ellos asumen su realidad de manera diferente, por más raro que parezca, después de un domingo absurdo, algo sucede en ellos. Tal vez los problemas de cada uno formaron un vínculo temporal con el cual se reconocieron "no tan solos". De ahí la metáfora de los patos: vuelan en grupo y siempre hay uno que toma el lugar del primero, para que éste descanse y se recupere del esfuerzo de ser el de la cabeza, el que rompe el viento para que los demás vuelen con mayor facilidad.

10 de agosto de 2009

Vals surrealista

Ayer vi Vals con Bashir. Las imágenes oníricas y la música me construyeron un buen viaje, o al menos olvidé el motivo de mi reciente depresión. La película es fuerte, es sobre la primera guerra entre Israel y Líbano. Pero también es la historia de un hombre que, a raíz de una pesadilla recurrente, siente la necesidad de sumergirse en su pasado porque no recuerda el lapso que vivió durante su servicio para el ejército israelí.

29 de julio de 2009

Corazón del tiempo

Esta película se filmó en escenarios naturales de Chiapas y se introdujo al corazón de un pueblo que ha ganado autonomía después de los movimientos del EZLN, los cuales lograron una transformación social muy importante. Después de 15 años, ya hemos perdido el rastro de las comunidades y los miembros del ejército, quienes lucharon por una vida digna. Por ello, esta película mostrará que la esencia de la rebeldía zapatista no ha muerto, y que la podremos mirar en las dinámicas y costumbres diarias de los descendientes mayas. Corazón del tiempo, historia de ficción sobre el amor –que me hubiera gustado más como documental– se estrenará en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, en septiembre de este año. Pese a que no conozco el trabajo de Alberto Cortés, el director, tengo mucho interés en verla porque deseo aprender un poco más sobre el pensamiento que rige las vidas de los grupos que habitan las montañas del sureste mexicano.
No me atrevo a recomendarla, porque tengo el presentimiento de que podría no ser tan buena, podría caer en lo cursi. Espero que me demuestre lo contrario.

http://corazondeltiempo.wordpress.com/

9 de julio de 2009

Hunter-Gonzo

Ayer fui a la Cineteca a ver el documental sobre la vida de Hunter S. Thompson, mejor conocido como Gonzo>t class="Apple-style-span" face="arial">, homónimo del título de la película. Hunterspan> fue un periodista y escritor estadounidensele-style-span" face="arial"> creador del 'periodismo gonzo', que elimina la división entre la ficción y la no-ficción, y juega con la objetividad. El valor de la cinta radica en la >personalidade: medium;">, Colorado, para representar al '>Freak >Power'. Sus propuestas eran >despenalizar>Pitkin, Colorado, para representar al '>Freak >Power'. Sus propuestas eran >despenalizar y en la Time, de donde lo corrieron. La mayor parte de su trabajo fue publicado por la revista >Rolling >Stone, en la que cubrió campañas >presidenciales y todo tipo de sucesos políticos, sociales, culturales y deportivos. Le gustaban las armas y las drogas. Le era imposible entregar a tiempo sus artículos y, a pesar de que estuvo casado por 19 años y tuvo un hijo, jamás pudo tomar el papel de padre de familia. El documental termina con el suicidio y funeral de >Hunter, tan descomunales como él.

21 de mayo de 2009

El coro de Tokio, de Yasujiro Ozu

El drama familiar de una hija enferma, un niño que reclama la bicicleta que su padre no puede comprarle, la burocracia laboral de un jefe represor y la angustia de un grupo de empleados en espera de su aguinaldo son escenas que caracterizan a la vida rutinaria de cualquier sociedad, y que esta vez pertenecen al retrato de la clase media japonesa de la década de los treinta realizado por Yasujiro Ozu en la cinta El coro de Tokio. Este melodrama de crítica social, que logra la comicidad a pesar de la tragedia, es la evidencia de que los filmes de Ozu muestran lo sublime dentro de lo cotidiano.

Al lado de Akira Kurosawa y Kenji Mizoguchi, Ozu fue un excéntrico director y el principal representante del cine clásico japonés. Sus películas se caracterizan por la sencillez y austeridad, así como por los planos largos y la cámara fija a un metro de distancia del suelo. A pesar de las críticas que lo tachaban de conformista y repetitivo, Ozu conservó una misma temática, estilo y equipo de trabajo a lo largo de casi todos sus rodajes. Sin embargo, aquello que era criticado como conformismo, resultó ser el encuentro de la estabilidad y la disciplina que le permitieron un ritmo acelerado de producción, así como la posibilidad de explorar y evolucionar en la eliminación de lo superficial para llegar a los máximos niveles de abstracción.

7 de abril de 2009

In the Mood for Love

Ahora que sólo tengo cabeza para pensar en la plática de ayer, pego este post que escribí hace más de un año:

In The Mood for Love es una de las mejores películas de Wong Kar-Wai. La música actúa como un elemento que se acopla de manera natural a la trama. Los ambientes producen placer visual. La iluminación de Christopher Doyle es tan hermosa como la historia de amor que transcurre en silencio, insertada en la vida cotidiana, en medio del trabajo y las horas de comida, las calles, las reuniones familiares y las noches solitarias. El amor entre la señora Chan y el señor Chow no permanece oculto, se desborda en miradas, pasos sensuales y aproximaciones corporales lentas. Cigarros y tallarines dejan su naturaleza de objetos para formar parte del lenguaje de los amantes que ya no habitan en su realidad: cambia la percepción de su entorno, abordan el tiempo y el espacio en relación con el juego entre la ausencia/presencia, sus sensaciones se agudizan y, en cada uno de sus movimientos, se lamentan por el amor que jamás será consumado.

2 de febrero de 2009

Edipo-Button

Desde que vi El curioso caso de Benjamin Button tuve ganas de postear, pero, sinceramente, no encontré qué decir. A más de una semana de haberla visto, aún no estoy segura de si me gustó o no. Tal vez y, como todo, me gustó por partes. Lo que sí puedo asegurar con firmeza es lo que me molesta: la fijación que todas (o la mayoría de) las películas de Hollywood tienen, por explicar lo que se entiende por sí solo, sin necesidad de clichés ni de frases sacadas de libros de autoayuda, como: "Ninguno de nosotros es perfecto para siempre", "Algunas cosas nunca las olvidas", "Nunca sabes lo que te sucederá", "La vida no se mide en minutos, se mide en momentos". Sí, nuestra filosofía popular; a veces obvia e inútil, a veces sabia o práctica.

¿Qué me hizo pensar la película? Hemos deseado tomar a la pareja en brazos, como si fuera un bebé al cual proteger. No sé si sea nuestro instinto maternal o un trastorno que Sigmund Freud tuvo a bien describir a lo largo de varios tomos.

¿Qué sucede cuando el amor de pareja transmuta en cariño fraternal o maternal-paternal? Tal vez, al igual que la materia, el amor no se destruye, sólo se transforma.

El final resultará hermoso y tierno para algunos (aquellos que comentarán que el maquillaje no tiene madre); para mí, sólo fue una tétrica escena de horror.

18 de enero de 2009

Desalmado


Hace poco Lake Tahoe, la nueva película del director de Temporada de patos. Amé la locación, literalmente un rincón del país en el que todos los días parecen domingo; un pueblo fantasma donde los habitantes coexisten desde el interior de sus casas en luto permanente.